martes, 16 de febrero de 2010

Brazo.


Brazo.

Sanabria.


La noche descendió sobre mi, con su suave garúa sobre mis pálidos párpados de cera derretida. Mi rostro se conmovió entusiasta ante la sorpresa de tanta vida sin manos. Crucé la ciudad con la intención de quien ha olvidado el tiempo. Inundé mis zapatos con cientos de resbaladizos pasos mudos sobre húmedas suciedades. Encontré con picardía y sutileza la belleza en la tristeza de un mar de miserias apaciguadas con distracciones superfluas, y sin recordar bajé del tren. Recorté tu silueta con los ojos en el cielo hasta el hartazgo. Ya era tarde, muy tarde, pero mi mente flotaba como un pez aturdido, redescubriendo esperanzas con el rostro empapado. Luces fugaces colorearon mis rasgos tenues para luego abandonarlo al silencio de una Luna ausente bajo el agua, una y mil veces. Hasta que finalmente descubrí agotado que era hora de llegar a casa.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Psicodelia en blanco y negro.



Perdiendo el sentido de orientación.
Perdiendo el sentido de orientación.

Llevo muchos años mutando como siempre.

Me siento distinto por dentro, sólo lamentaría comenzar a fundirme en mis resentimientos.

Lo que había logrado entender a veces no logro conservarlo bien y sencillamente lo pierdo.

Hoy somos uno pero no sé quién soy.

Estoy arrugando mi rostro en vano, qué importa esta formalidad siendo todo tan pasajero.
Hace un par de meses tuve la oportunidad de compartir la cena de fin de año del trabajo con, entre otras personas, un hombre de cincuenta años que comenzó apasionadamente a filosofar y reflexionar sobre la adolescencia y juventud en este tan temprano siglo XXI. Definió de modo muy abarcativo el problema de nuestra generación como una "inmensa incertidumbre". El bien y el mal colgando vertiginosos de un hilo... Lo moral e inmoral haciendo muecas infantiles sobre nuestros días como si todo estuviera librado al azar. La paulatina extinción del matrimonio con todas sus liberalidades y confusas consecuencias y por último la "prolongación de la adolescencia" por encima de los treinta años. Todas estas críticas me pusieron sencillamente a reflexionar (no necesariamente coincidir). Sólo quería compartirlas.