viernes, 29 de enero de 2010

With quince jam.




Café, música funcional de fondo, horas y horas de espera y empezar a ver las cosas desde un punto de vista diferente. Más miedos por sosegar y lágrimas por secar. Nuevas razones y sentidos. Redescubrir la risa y las ganas de vivir. Sentirse joven. Sentirse eterno pero tan, tan débil como un estornudo. Mareos, colores... los pies cansados y los ojos irritados. Música, mucha música sin llegar a sentir aún todo el esplendor que la belleza tiene para ofrecer.

lunes, 25 de enero de 2010

Explorando tímidamente el color.

jueves, 21 de enero de 2010

domingo, 17 de enero de 2010

Incertidumbre.


Sueños quirópteros.

Humedad.
Vacío despertar
esta helada mañana.
El Sol con su invernal
atuendo de máscara blanca.
La espesa y húmeda
palidez lumínica
duerme caprichosa
en la ventana
de cortinas sin esperanza.
Terapia de reflujo al congelarse.
Congelé mis pies en el agua.
Los observé perder forma entre palomas blancas.
Los enterré y desenterré
en pensamientos lentos,
congelándome al viento.
Los colores creación del Sol.
El silencio del viento,
que busca esconderse inquieto
entre sus dedos.
Aroma a café en la almohada.
El humo ya abandonó mis pulmones.
Y la mañana no espera.
Si caigo junto a la Luna,
quizás descanse en sus brazos.

Narración extraída de "La claridad interior" de Ramiro Calle.

Un anciano invita a cenar a su joven vecino. Al entrar en la casa, el joven ve que hay un loro enjaulado que no deja de gritar: "¡Libertad, libertad, libertad!". Al joven se le parte el corazón, hasta tal grado que días después, cuando el anciano está haciendo compras, se cuela en su casa con la intención de liberar al animalillo. Nada más entrar en el salón, escucha cómo el loro no deja de clamar: "¡Libertad, libertad, libertad!". Entonces se acerca a la jaula y abre la portezuela para que el loro salga, pero éste, aterrado, se refugia en el fondo de la jaula, se aferra con sus garras a los barrotes de la jaula y sigue gritando: "¡Libertad, libertad, libertad!".

sábado, 16 de enero de 2010

DINGBATS (Música para murciélagos)

Mamífero musical.
Lamé conmigo el frío de las lágrimas congeladas goteando de la mesa,
cerca del café.
Mis alas oscuras huelen a humedad y nerviosismo,
como masa encefálica inflamada y latente,
sobre mis manos lastimadas.
Mis orejas se convierten en orejas de murciélago,
mamífero musical.
Esta mañana al despertar comencé a ver todo al revés,
como si la fuerza de gravedad hubiera mutado mágicamente mientras dormía.

jueves, 14 de enero de 2010